Lavadero calle Gaibiel
Los lavaderos públicos fueron durante siglos lugares de encuentro donde ponerse al día de las noticias locales. Meditar en su interior, con presencia y conciencia, supone casi escuchar esas voces cotidianas todavía haciendo eco entre su artesonado, con frecuencia de madera y los sonoros chorros de sus caños, en los lavaderos ubicados en zonas más generosas de agua.
Fueron mucho más que un lugar donde lavar la ropa. Cada lavadero congregaba a decenas de personas que acudían cargadas con cerradas, cestas y calderos a lavar la ropa. Hoy solo los románticos acuden a ellos y no para lavar; unos para recordar, otros para tomar contacto con el pasado… pero nadie niega que fueron verdaderos centros de socialización del mundo rural.
Con la llegada del agua potable a las viviendas y más tarde de los electrodomésticos para lavar la ropa, perdieron su actividad los lavaderos públicos. No obstante en Caudiel se conservan tres en perfecto estado, siguiendo en uso para ocasiones excepcionales como prendas enormes o simple capricho de hacerlo a la antigua, y siempre para refrescar al paseante.
El otro lavadero del Barrio, llamado en su día “lavadero viejo”, fue construido en 1929. Cercano al campo de fútbol, fue restaurado en 2001 debido a su grado de deterioro. La reforma demolió la cubierta de cañizo, tejas y madera y la reconstruyó aprovechando el 85% de la teja original. Los muros estaban rebozados con yeso, que se eliminó para dejar al descubierto la mampostería original. El entorno se niveló y se pavimentó el suelo con la llamada técnica de “enchinado” (piedra de rambla colocadas de canto en un lecho de mortero de cemento en seco). Las pilas fueron elevadas para llevarlas a la altura de la calle y se complementó la construcción con una jardinera de mampostería y dos bancos de ladrillo.






